La clave entre la relación Enfermedad / Dieta

Sólo un cambio global y comprensivo (radical para muchas personas) en nuestra forma de alimentarnos podrá evitar que no enfermemos tanto y desarrollemos enfermedades de tal magnitud. 

 

La dieta en su totalidad es la clave determinante en la relación enfermedad / dieta, como especifican los estudios. Una alimentación excesivamente calórica y refinada (a base de bollería industrial, cereales refinados, comida rápida y enlatada, tentempiés industriales, refrescos, etc.), muy alta en grasa, colesterol, fritos, proteínas animales, sal y azúcar, y carente de nutrientes protectores (fibra, antioxidantes, ácido fólico y otros compuestos fitoquímicos) conduce a un estado de subnutrición crónica y al subsiguiente desarrollo de toda una serie de problemas de salud, que toman  la forma de enfermedades crónicas y degenerativas.

Por lo tanto, es recomendable seguir las siguientes pautas:

 

 

Grasa:

Reducir considerablemente el consumo de grasa y de colesterol (carnes y  embutidos,  pescados, mariscos y crustáceos, aceites, manteca, bollería, lácteos, huevos, margarina, mayonesa, helados, patatas fritas y otros tentempiés), desde el promedio nacional de un 44,6% de las calorías totales, hasta un 10-20% de las calorías; hay suficiente grasa en los alimentos de origen vegetal, sobre todo en los frutos secos y el aceite de oliva para cubrir las necesidades individuales. La recomendación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España y del Instituto Nacional de Cáncer (INE) de EE.UU. de consumir un 30-35% de las calorías totales en forma de grasa no cuadra con los resultados del China Project ni de otros estudios realizados. No obstante, si bien el INE recomienda disminuir el consumo de grasa de un 40% de las calorías totales consumidas por la población americana, a un 30%, también admite que los datos científicos demuestran que esta cifra sigue siendo demasiado elevada y que sería más conveniente disminuir este porcentaje aún más. Asimismo, constata que disminuir el consumo de grasa a un 30% es una recomendación “moderada y práctica”  temiendo quizás una posible reacción negativa del público ante la recomendación de reducir drásticamente el consumo de productos animales.

 

Proteína animal:

Comer muy poca proteína animal. Según la American Dietetic Association (Sociedad Dietética Americana), los alimentos de origen vegetal (cereales  integrales,  legumbres, frutos oleaginosos, verduras) contienen cantidades suficientes de aminoácidos esenciales y no esenciales (componentes básicos de toda proteína) para cubrir nuestras necesidades proteicas, siempre y cuando estas fuentes de proteínas sean variadas y que, además, haya suficientes calorías en la dieta. Al contrario de lo que se suele creer, esta institución norteamericana advierte que tampoco es menester combinar los alimentos de origen vegetal en una misma comida para conseguir un mayor aprovechamiento de las proteínas y que, además, el valor proteico de la soja es equivalente al de la proteína animal, por lo que puede servir como fuente única de proteína concentrada. Un menor consumo de proteína animal también implica un consumo de grasa inferior, sobre todo de grasa saturada y colesterol, elementos estrechamente vinculados al desarrollo de ciertas enfermedades degenerativas.

 

Alimentos conservados:

Dejar de usar el salero en la mesa no es suficiente para reducir el exceso de sal en la comida, puesto que muchos de los alimentos preparados contienen cantidades elevadas de sal o de sodio (uno de los componentes de la sal): congelados, bollería, pastelería, sopas y otros alimentos enlatados, carnes, aves, embutidos, pescados, mariscos y crustáceos, pan de molde, cereales de desayuno, queso, leche en polvo, yogur y huevos. A diferencia de estos alimentos, la fruta y la verdura frescas, los cereales, los frutos secos y las legumbres tienen muy poco sodio.

Asimismo, se recomienda aumentar el consumo de:

Alimentos vegetales:

Aumentar considerablemente la ingesta de una amplia gama de elementos protectores para nuestra salud en forma de fibra, vitaminas y minerales antioxidantes, oligoelementos  y otros tantos miles de sustancias fitoquímicas, mediante el consumo de productos vegetales frescos y biológicos (dentro de lo posible), incluidas frutas y ensaladas, además de cereales, frutos secos y legumbres.

 

Hemos de recordar que las enfermedades degenerativas tienen un complejo origen que va más allá del factor alimenticio; no se desarrollan a causa de un solo factor, sino que tienen una etiología multifactorial. Por tanto, no es suficiente una toma diaria de vitaminas y minerales en forma de suplementos para mantener a raya estas enfermedades, mientras sigamos comiendo mal, descansando poco y padeciendo estrés la mayor parte del día. Lo esencial, es realizar un cambio profundo en nuestro estilo de vida para poder gozar de buena salud y prevenir estas enfermedades.

 

 

Fuente: unionvegetariana.org

 

 

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Elizabeth Casas

www.unplusdebienestar.com

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“La medicina es el arte de imitar los procedimientos curativos de la naturaleza”

Hipócrates Siglo V 460 a. C. Médico de la Antigua Grecia 

 


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