Fiebre: mitos y verdades

Sin duda alguna, una de las afecciones sobre la que existen más mitos es la fiebre. Al ser un síntoma de muchos tipos de enfermedad distintos, entre los cuales se encuentra algo tan típico como la gripe, es normal que surjan diversas ideas sobre ella, aunque ni muchísimo menos todas son atinadas o nos pueden ayudar a combatirla.

 

Por esta razón, a continuación trataremos algunas de las afirmaciones más populares relativas a la fiebre y si son veraces o si, por el contrario, pueden agravar aún más la situación y suponer un riesgo para la salud. 

 

Los baños de agua fría son buenos para la fiebre

Uno de los mitos más extendidos y que puede resultar realmente peligroso para una persona febril es la creencia de que el agua fría puede ayudar a reducir la temperatura corporal. La realidad es que el choque con una temperatura mucho más baja que la que tiene el enfermo puede provocar incluso un shock. La fiebre, a menos que alcance cotas alarmantes, es mejor dejar que siga su curso, de modo que este tipo de acciones no son necesarias, todo lo contrario. Para aliviar al enfermo, se le puede bañar en agua tibia, a una temperatura que no suponga un contraste demasiado acusado.

 

Es necesario abrigar mucho al enfermo

Otra de las falsas creencias que supone una mala praxis a la hora de cuidar a alguien con fiebre es tapar en demasía al enfermo. Lo mejor en estos casos es equiparse con ropa ligera y que la ropa de cama no resulte excesivamente agobiante, lo justo y necesario para que no se coja fría ni malestar adicional. El cuarto debe estar bien ventilado y hay que evitar las atmósferas recargadas. Las friegas con alcohol tampoco son nada recomendables, ya que el líquido será absorbido a través de la piel. Por otro lado, los trapos o compresas mojadas en agua fresca tanto en la frente como en el cuello de la persona enferma ayudan a paliar el malestar

 

La fiebre alta o baja son indicadores de la gravedad del enfermo

Si bien una temperatura muy elevada que no desciende es un motivo en si mismo para alarmarse y tomar medidas, lo cierto es que ésta puede ser causada por enfermedades tan típicas y comunes como un resfriado, que no tienen por qué revestir mayor complicación. Por otro lado, enfermedades que realmente suponen un riesgo elevado para la salud de la persona afectada pueden tener entre sus síntomas una fiebre muy moderada que no lleve a alarma. Es por eso que debemos estar atentos a otros síntomas y señales que nos indiquen que pueda haber alguna otra afección que requiera atención; en cualquier caso, si la fiebre es elevada y persiste se debe acudir a urgencias.

 

La fiebre provoca meningitis

Uno mito falso bastante extendido concierne sobre todo a la fiebre en niños. Y es que existe la creencia de que la fiebre mal llevada en personas de corta edad puede llegar a provocar daños de tipo cerebral tales como la inflamación de las membranas cerebrales (meningitis) o incluso problemas en el desarrollo neurológico. La realidad es que la fiebre es, precisamente, uno de los síntomas más característicos de las infecciones que tienen lugar en el sistema nervioso (como las citadas y otras) y de ahí esta creencia. Este tipo de enfermedades se pueden contraer a través de bacterias y de virus, aunque lo cierto es que la vacunación reglamentaria ha reducido en gran medida el número de personas afectadas. 

 

La fiebre siempre supone un peligro

Para finalizar, el que seguramente es el mito más extendido, con cierta base de razón. Es evidente que la fiebre es un síntoma que no debe ser tomado a la ligera, puesto que un mal tratamiento que derive en un descontrol de la temperatura puede ser de gran gravedad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la fiebre en si constituye un mecanismo de seguridad presente en nuestro sistema inmunológico. Gracias a la fiebre, nuestro organismo es capaz de defenderse de virus y otros agentes externos que nos atacan. Por esta razón, ante la fiebre, primero debemos asegurarnos de ésta no es síntoma de una afección grave, y más tarde debemos actuar con tranquilidad, haciendo que la persona enferma repose y esté bien hidratada para evitar complicaciones. 

 

 

Autor invitado:

Manuel Puig Carbonell.

"Licenciado en Farmacia por la Universidad de Barcelona (UB) y un gran apasionado de la fisioterapia y la salud. Colaborador en diversos medios, escribiendo artículos sobre fiebre y malestar estomacal"

 

 

 

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